El Fogón / La peste reynosense…

 

José Ángel Solorio Martínez

¿Cuándo el PAN se convirtió en una hospedero de cínicos, gazmoños, ladrones y padrotes?..
¿Dónde el PAN, perdió todo su pudor y moral clerical?..
¿Por qué hoy, la deshonestidad, la falsedad y la criminalidad se transformaron en peculiaridades de un partido que nació conservador, y emergió como una horda de persignados que buscaban el paraíso en el cielo y en la tierra?..
Es muy probable, que todas las presuntas virtudes con las cuales el PAN sedujo a miles de votantes que lo llevaron incluso a la Presidencia de la república, se hayan perdido en el ejercicio de ser gobierno. Aunado a la descomposición abierta en la que entró anteriormente, cuando se prestó con el Presidente Carlos Salinas a las consertacesiones que llevaron a sus militantes a varias gubernaturas. (Este momento, es sin duda un punto de inflexión en la ética panista y en la praxis que llevó a la moral gomezmorinesca –sin duda el tiempo más doctrinario y vertical del albiazul en su historia- a la quiebra).
Mucho de eso, ocurrió con el PAN en Tamaulipas.
Mucho de eso, pasó con el PAN en Reynosa.
Si hay algo que el PAN deba reclamarle a la alcaldesa Maky Ortiz Domínguez, es la degradación del panismo y la putrefacción en las formas de gobernar. No sólo, se le debe cuestionar a la hoy famosa dama, sus deficiencias y sus excesos administrativos con el dinero público. Hay otros elementos que han sumido al partido que la llevó al gobierno municipal, en un proceso de aniquilación de los métodos de gobernanza y de las figuras éticas que una autoridad apuntalada por el partido blanquiazul debe poseer.
Doña Makiavélica, salió aparte de cleptómana, madrota, lenona.
La nota nacional lo dice todo. El esposo de la santurrona Maky, es propietario de la zona de tolerancia, sus inmuebles y las damas que ahí laboran. En otras palabras: don Carlos Peña –así se llama el primer damo de Reynosa- es un poderoso regenteador y explotador de mujeres.
Hace años, el oficio era como cualquier otro de honorable.
A quien lo ejercía, se le tenia respeto admiración y hasta envidia.
Y cómo no: trabajar en medio del placer, y todavía cobrar por ello, debe ser la gloria.
Eso era antes.
Hoy las leyes les ha dado por acabar con la explotación de las mujeres, por el bien de la equidad y la Justicia. En concreto: ya es un delito, el vivir del sexo ajeno. Caso tal, es el de Carlos Peña de Ortiz.
No conformes con realizar un constante saqueo de los bienes municipales –Maky cobra hasta el 30 por ciento a los contratistas que realizan obra pública para el Ayuntamiento reynosense, su hijito expropia decenas de millones de pesos presupuestados para el DIF donde él medra, y su consorte expolia a centenas de sexoservidoras que trabajan en su campo de concentración donde campea lo pornográfico- han extendido sus negocios hacia otras actividades abiertamente ilegales y hasta delictuosas.
No es por intrigar, pero esa pecaminosa vida de Maky y su familia, bien pudiera ser causal de expulsión de un partido que nació con una moral monástica y una ética clerical. No existe dato tan despreciable en el PAN, como el de esa notable estirpe. Ni siquiera Lety Salazar en Matamoros, fue tan implacable con el tesoro municipal como la Presidenta de Reynosa.
Doña Maky, rufiana.
Su esposo Carlos, lenón.
Su hijo, Carlitos, ladrón.
Sin exagerar: una verdadera peste.
Que este 2018, Diosito ampare a los reynosenses…