NOTAS UNIVERSITARIAS: OLVIDO ¿AMIGO O ENEMIGO DE LA MEMORIA?

Por doctores Jorge Lera, Daniel Cantú y J. Enrique Martínez, FCEH-UAT.

Este viernes, nos permitimos publicar una más de nuestras notas reflexiones universitarias, en la sección columna invitada.

Hoy abordaremos algo que es muy común a todos nosotros, que incluso nos hace pensar en que tenemos ante los continuos olvidos, una especie de «lagunas mentales», llegamos a pensar que nos acercamos a tener hasta daños en el cerebro, cuando a todos nos llega a suceder el famoso síndrome de «no se si ya no me acuerdo, o ya se me olvido».

Muchas personas creen que olvidar es un defecto de la memoria o quizá su antagonista; esto porque se suele creer que la meta educativa del individuo es más bien aprender y aprender más que olvidar, sin embargo, el olvido es más que eso.

Para ver de cerca el asunto, acerquémonos hacia qué es el olvido en cada una de las etapas de la memoria (codificación, consolidación y rememoración). El olvido sucede en la codificación (adhesión de información nueva) cuando los nuevos conocimientos afectan los antiguos formando otros nuevos. Esta modificación altera nuestros recuerdos, pero siguen teniendo sentido para nosotros (por ello creemos que lo que sabemos no cambia o cambia poco). Recordemos que no aprendemos con base en la nada, sino en la experiencia pertinente que se “ensambla” con la nueva para que tenga sentido (aprendizaje significativo).

Durante la consolidación de la memoria a largo plazo (generalmente durante el sueño) también sucede un olvido de detalles episódicos (en su mayoría), dejando solo la esencia de los recuerdos (semantización), por ello, para recordar más detalles precisos debemos exponernos a las experiencias más de una vez. La semantización es un proceso de compactado y generalización de recuerdos que sirve además de “ahorrar” espacio (por así decirlo), para flexibilizar los recuerdos a fin de que sean más abiertos para la adhesión de nuevos contenidos.

Durante la reminiscencia también se da el olvido, dado que cuando evocamos un recuerdo, éste se hace vulnerable para añadir nuevos contenidos, por ello podemos aprender usando la información previa (aprendizaje significativo). En resumen, cuando aprendemos algo nuevo, esto termina modificando la información que teníamos, por lo que técnicamente olvidamos para aprender.

El cerebro no trabaja como una videograbadora, de otra manera fuéramos como “Funes El Memorioso” del escritor José Luis Borges que tenía que pasar las 24 horas de hoy recordando las 24 horas de ayer. Borges de dio cuenta de la desgracia que es poder recordarlo todo. En nuestra próxima nota, veremos acerca de los memorizadores eidéticos (memoria fotográfica) y algunas estrategias que pueden ayudar a nuestros alumnos a memorizar mejor.Lo que, si podemos adelantar, ante lo cotidiano, que el olvido es solo eso, la ausencia de un pequeño recuerdo que pronto lo recordaremos, pero si no lo hacemos, ya tendremos otros tantos pensamientos o episodios de la memoria que no recordaremos, pero esto no es de ninguna forma un síntoma de enfermedad grave ni nada que se le parezca…

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